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6:lucharé hasta el final. (Elena )

Fui tras Logan, con el corazón desbocado. Si lo perdía a él, me quedaba sin nada. Y no podía arriesgarme. Sabía que sonaba egoísta, pero Logan era la única persona que realmente se preocupaba por mí, que me amaba a pesar de mis cicatrices.

Entramos al salón y lo tomé de la mano, obligándolo a detenerse. Se giró para mirarme y en sus ojos vi dolor. Un dolor limpio, honesto. No pude evitarlo y lo abracé con fuerza.

—Déjame explicarlo, por favor —le pedí.

Pero él me apartó con delicadeza. Esa suavidad dolía más que un empujón. Lo miré suplicante.

—Por favor —insistí.

Logan estaba herido, y no era para menos. Me había visto con un hombre que para él era un completo desconocido. Si tan solo pudiera contarle la verdad… pero si lo hacía, ese hombre que ahora me miraba como si yo fuera lo más valioso en su vida empezaría a mirarme como lo hizo Damien aquella vez. O como lo hace ahora Nicola.

—¿Lo conoces? —preguntó.

Negué de inmediato. Quería decirle la verdad. Decirle que lo conocía desde que tenía dieciocho años. Que lo había amado más que a mi propia vida. Pero sería estúpido. Inútil. Peligroso.

—No. Solo… quería hablar con él sobre los negocios que tendrá con mi padre. Se me acercó de la nada y me quedé paralizada.

Mentí.

Las palabras me quemaron la lengua, pero no podía decirle la verdad. No ahora. No cuando todo pendía de un hilo.

Logan miró por encima de mi hombro. Sus ojos marrones se oscurecieron aún más. Nunca lo había visto así. Tenso. Territorial. Casi furioso.

Me giré lentamente.

Y allí estaba él.

Entrando como si nada. Como si fuera dueño del lugar. Como si el oxígeno le perteneciera y nosotros solo lo respiráramos por su permiso.

Nicola.

Su traje oscuro parecía hecho a medida de su arrogancia. Caminaba con seguridad, saludando con una leve inclinación de cabeza, sin apurarse. Sus ojos me encontraron de inmediato, como si siempre supiera dónde estaba yo.

Sonrió.

No fue una sonrisa amable. Fue una sonrisa cargada de malicia, de recuerdos, de promesas que no eran precisamente dulces.

Aparté la mirada de inmediato.

Logan tomó mi brazo y me giró hacia él.

—No quiero que te vuelvas a acercar a ese hombre.

Asentí sin dudar. Yo más que nadie no quería tenerlo cerca. Aunque, por lo visto, sería difícil. Nicola no había regresado con una bandera blanca. Había regresado a destruir. Y yo no estaba dispuesta a volver a salir herida.

—Ese hombre no me cae bien —dije, forzando una sonrisa.

Logan me devolvió el gesto, pero su expresión no se suavizó del todo. Se inclinó hacia mí y me besó.

No fue un beso suave. No fue discreto.

Fue un beso que marcaba territorio.

Lo aparté, frunciendo el ceño.

—No es necesario que hagas esto. Ya te dije que no me interesa.

—Lo sé —respondió con voz baja—. Pero también sé que él sí está interesado en ti.

Mi respiración se atascó.

Volví la cabeza, casi en contra de mi voluntad.

Nicola nos estaba mirando.

Con demasiada atención.

Su expresión había cambiado. Ya no sonreía. Observaba. Analizaba. Poseía con los ojos lo que aún no tocaba.

Y entonces mi estúpido corazón dio un vuelco.

¿Y si todavía me amaba?

¿Y si no había vuelto solo por venganza?

La idea fue tan peligrosa como reconfortante.

En ese momento, mi padre se acercó a Nicola con una copa en la mano. Sonreía amplio, orgulloso, como si estuviera presentando una joya recién adquirida.

Golpeó suavemente la copa con una cuchara, llamando la atención de todos.

—Quiero anunciarles que el señor Nicola Borgia, a partir de hoy, formará parte de la junta directiva de nuestras empresas. Es un honor contar con él como socio.

El murmullo llenó el salón.

Sentí que el suelo se desvanecía bajo mis pies.

Socio.

No había venido solo a observar.

Había venido a entrar.

Nicola levantó la copa en un gesto elegante. Sus ojos no buscaron a mi padre. No buscaron a los invitados.

Me buscaron a mí.

Y en esa mirada no había celebración.

Había guerra.

Tragué en seco.

Mi pasado había vuelto para cobrar lo que creía que le debía. Pero no era justo que yo siguiera pagando.

Lo había perdido todo. A él… a mi hijo, a las ganas de vivir, a mis sueños. Yo habia perdido tanto como el, porque aunque mis padres siguieran vivos, hacía años que para mí estaban muertos. Muertos el día en que me pidieron que mintiera. Muertos el día en que me dieron la espalda.

Había sobrevivido todos estos años sola. Con el corazón destrozado. Con un vacío que nadie lograba llenar del todo.

Y no estaba dispuesta a renunciar a la poca paz que había conseguido en estos dos años. A la estabilidad que Logan me ofrecía. A esa versión de mí que intentaba creer que todavía merecía algo bueno.

Si él quería guerra… la tendría.

No iba a huir. No iba a suplicar. No iba a dejar que me arrastrara otra vez al infierno del que tanto me había costado salir.

No le permitiría arrancarme esta nueva vida que había construido con esfuerzo, con dolor, con silencios.

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