Maximus salió de su guarida con el boceto recién terminado y enrollado bajo su brazo, sintiendo cierta emoción por haberlo terminado. Su mente aún bullía con la euforia inesperada de la creación, mezclada con el dolor residual de la pelea con Rosie. —Necesito enfocarme en la reunión—, se dijo a sí mismo, ajustándose la corbata mientras caminaba por el pasillo. Pero al doblar la esquina, se topó con una escena que lo detuvo en seco: Héctor, Rosie y un hombre alto, de unos 50 años, con una presen