Máximus mira hacia la segunda planta y allí está su esposa, de pie, mirándolo detenidamente con esos ojos que percibe de que algo no está bien. Él suspira con pesadez, sintiendo el peso en sus hombros de tantos problemas, y luego voltea a mirar a Héctor con una expresión arrogante que recupera su autoridad absoluta.
—Héctor, necesito que te hagas cargo de lo que está pasando con Aria ahora mismo —ordena Máximus en un susurro letal—. Asegúrate de que no ponga un pie mañana en el evento. No quier