Resultados médicos.
—Sí, señor. Entendido —afirma Atlas, subiéndose rápidamente a un taxi común para pasar desapercibido y seguirlas
Máximus cuelga y se deja caer en su silla, hundiéndose el rostro entre las manos. Héctor lo observa desde el rincón de la oficina, sintiendo una profunda empatía hacia el hombre que, a pesar de su inmensa fortuna, parece estar perdiéndolo todo.
—Héctor... esta mierda me está matando —confiesa Máximus en un susurro—. No sé cuánto tiempo más pueda soportar esta farsa.
—Señor, si el amo