Lujuria intensa sobre ella.
Estaba, literalmente, conmocionada. Jamás había recibido una joya tan preciosa y, claramente, tan costosa. Y en realidad, no era por el precio o por ser el diseño más exclusivo, sino porque el detalle venía de él, y eso tenía un valor aún mayor para ella.
— ¿No te ha gustado? — preguntó Livingston, quien permanecía en absoluto silencio.
— Está… es demasiado precioso. De verdad, no debiste molestarte. Yo me habría conformado con cualquier otro detalle de menor valor; mientras viniera de ti, lo a