Ella dijo… que usted se vaya al infierno.
Maximus Livingston observa a la chica frente a él. Es linda, sí. Es todo lo que a él le gusta de una mujer, pero increíblemente la viva imagen de Rosie viene a su mente, por lo que niega con la cabeza.
—¿No quieres? —pregunta ella, y su expresión pasó de sexy a sorprendida.
—No… ahora no —dijo él, sintiéndose tenso y a la vez enojado por haber pensado en Rosie.
—¿Seguro? Mira que… yo puedo hacerte pasar un momento mágico, jefecito —lo agarra de la corbata.
Maximus la aparta con cuidado.
—Dije q