Rosie sintió que el pecho se le apretaba al ver las lágrimas rodando por las mejillas de su hermana. Ellie nunca había llorado así delante de ella… o al menos no lo recordaba. Aquellos ojos llenos de dolor parecían tan reales que, por un segundo, todo el enojo que había acumulado durante años se tambaleó.
—No llores, Ellie… por favor, no llores —susurró Rosie, estirando la mano para limpiarle una lágrima con el pulgar. Su voz salió más suave de lo que pretendía—. No estás sola en este mundo, ¿m