Maximus salió de la mansión y se dirigió a su auto deportivo de lujo. Justo cuando iba a subir, recibió una llamada telefónica. Al ver que era Aria, colgó sin contestar.
Encendió el motor y lo hizo resonar con fuerza, fijando la mirada en la mansión por unos segundos. Luego arrancó. Pero algo le robó la paz que tanto quería controlar.
Su mente fue invadida por Rosie Harper, su esposa. Su cuerpo, sus labios, sus caricias, sus gemidos… Lo exquisito que fue escucharla gemir su nombre y suplica