XIMENA
— ¿Cómo es posible? Te di por muerto; te lloré en silencio—. Ximena se acercó a cogerlo, lo detalló para comprobar si en efecto se trataba de su exesposo o de pronto podía ser alguien parecido.
—Por supuesto que soy yo. No quería que me vieras, quería dejarte en paz, siento que con mi presencia te hago daño. Por favor, perdóname; además todavía no he podido arreglar mis asuntos penales y por eso también te coloco en peligro—. Ángelo le explicó observando la enorme estatua de Jesús en la