ÁNGELO
—Algún día serás mío, —suspiró Emily, mientras Ángelo siguió de largo olvidándola, pues tenía su mente centrada solo en su amada Ximena. El corazón le latía ansioso para poder verla.
—Ximena, amor, ya voy, te quiero ver pronto, quiero ver tu linda cara—, en eso era lo que pensaba Ángelo de camino a su casa. Al fin vio abrir las grandes puertas de su mansión que le parecían como si fueran las del cielo mismo. Se sintió en otra realidad, una de telenovela; se vio a sí mismo corriendo entre