XIMENA
Las bocas danzaron, hablaron en su lenguaje sin palabras, dejando escapar pequeños gemidos; la temperatura ascendía, provocando que la ropa estorbara; estaban abrigados por la soledad y la comodidad de esa bella suite; sus cuerpos como polos opuestos se atraían. Ángelo se enredó quitándole el sostén; enseguida empezó a desabotonar su camisa de seda, mientras Ximena le contemplaba ese cuerpo de boxeador. Deseaba que la ropa desapareciera y que al fin la hiciera suya.
“¿Hacerme suya?” Ella