La mañana en la mansión Moore se deslizaba sin prisa, con el sol acariciando los ventanales y los sonidos suaves del servicio circulando en los pasillos. Isabelle bajó las escaleras con una blusa crema y un pantalón marfil que la hacían ver delicada, pero decidida. Noah estaba en la sala revisando algunos documentos financieros con expresión enfocada.
—¿Tienes un minuto? —preguntó ella, deteniéndose frente a él.
Noah levantó la mirada.
—Claro. ¿Todo bien?
Isabelle se acercó un poco.
—