Isabelle
Debí haber huído.
Debí haberme asustado.
Estaba acorralada entre los estantes de mi propia pastelería, por el cuerpo masivo de un hombre peligroso que acababa de dejar a dos matones inconscientes y ensangrentados a pocos metros.
Y eso sin mencionar el dorado inhumano que se había encendido en sus iris.
Pero mi cuerpo no entendía de lógica.
Mi corazón no empujaba contra mis costillas por miedo a morir, sino por una razón mucho más peligrosa y primitiva.
Quería pertenecerle.
Gabriel par