Isabelle
La decisión no fue difícil. En realidad, ni siquiera sentí que estuviera tomando una decisión, era más bien como ceder a la gravedad, como dejar de nadar contra una corriente que llevaba arrastrándome toda la vida hacia ese preciso instante.
Gabriel esperaba mi respuesta, su cuerpo estaba tenso y sus ojos dorados fijos en mí, dándome la oportunidad de huir.
Abrí la boca para decirle que no iría a ninguna parte, que mi lugar estaba allí, con él y su bestia. Pero antes de poder pronunciar una sola palabra, el sonido estridente de su teléfono celular cortó el aire tenso como un cuchillo afilado.
El sonido era mundano, pero el efecto en Gabriel fué inmediato. Su postura cambió. El deseo en su rostro se desvaneció y fué reemplazado por una alerta calculadora.
Sacó el dispositivo del bolsillo y contestó sin dejar de mirarme, como si temiera que yo desapareciera si parpadeaba.
—Habla —ladró. Hubo un silencio breve mientras escuchaba. Vi cómo sus nudillos se volvían blancos al