Ariel estaba en la sala, hojeando distraídamente una revista mientras su hija jugaba a su lado con un oso de peluche. Afuera, el sol caía lento, tiñendo de ámbar los muebles y las paredes. El día parecía tranquilo, pero Ariel no podía quitarse de la cabeza una preocupación que la había acompañado toda la mañana.
Dejó la revista a un lado y tomó su teléfono. Miró el registro de llamadas: había intentado comunicarse varias veces con Carlos, su amigo y socio en la empresa, pero él no había respond