Capítulo 34
Zeynep se quedó helada.
Las palabras de Kerim aún resonaban en su mente como un golpe seco:
“Voy a entregarle el bebé a su madre.”
—No… no puedes hacerme esto, Kerim —balbuceó, con la voz quebrada—. Ella no ama a ese niño como yo lo amo. ¡Tú lo sabes! Lo vendió, ¿no entiendes? ¡Lo vendió!
Kerim la miró sin expresión, el rostro endurecido, como si cada palabra de ella rebotara contra una muralla invisible.
—No sigas, Zeynep. Nada de lo que digas va a hacerme cambiar de opinión —dijo