El sol del mediodía caía implacable sobre el asfalto del estacionamiento del hotel, pero dentro del auto de Ariel, el aire acondicionado mantenía una temperatura gélida, acorde con el humor de su dueña. Ariel se acomodó las gafas de sol oscuras y observó a través del parabrisas el movimiento inusual en la entrada principal del edificio. Varios hombres con cámaras colgadas al cuello y chaquetas informales se mezclaban entre los turistas, tratando de pasar desapercibidos.
Ariel tomó su teléfono y