El sonido de la puerta resonó en el amplio recibidor de la mansión.
Baruk entró primero, seguido por Emir, y detrás de ellos caminaba una joven de rostro dulce, mirada curiosa y apenas quince años.
Su cabello castaño caía en suaves ondas sobre los hombros, y sus ojos se movían de un rincón a otro, admirando cada detalle de aquella casa que, sin saberlo, estaba a punto de dividir.
Desde la cocina llegaba el aroma del guiso que preparaba Selim, la esposa de Baruk.
Ella tarareaba una melodía mient