El trato que hice con Christian en ese pasillo de bebés fue sencillo. Demasiado sencillo, quizás, para alguien que me había vaciado las cuentas y me había presentado a su amante embarazada como si fuese un colega de su trabajo, para después botarme de casa.
Pero oírlo hablar de cómo había perdido al bebé que tanto deseaba, junto al deseo que tenía por descubrir quién estaba arruinando a mi esposo, me hizo verlo con otros ojos.
—Tengo una propuesta —le susurré, antes de que Seguridad viera algo