Von Bismarck, el canciller que había metido a Maximilian en la política 10 años atrás, tenía una hija. Él había muerto, pero había dejado atrás a una talentosa hija, una violinista experta.
Y, al parecer, Maximilian Müller no había sido solo cercano al padre, sino también a la hija. Cuando ella empezó a tocar, despertó algo en él. No deseo, pero sí una nostalgia que ojalá solo yo hubiese notado. Y algo más profundo, más complicado y antiguo. Como sí esa música que producían los dedos de Emmelin