Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo y era extraño, no era una novata, diez años estando allí, frente a él, dándome cuenta una vez más que él lo controlaba todo y que yo dejaba de ser la empresaria para convertirme en nadie.
Pero no deseaba más control, sin embargo, me pregunté cómo podía ser tan exigente si yo misma me arreglé, me acicalé y me vestí para luego manejar hasta allí.
Tony acercó una mano a mi rostro.
—Te pusiste pálida. —Acarició mi mejilla, dejando dos de sus dedos alrededor