OLIVIA.
Me arrastró y no podía dejar de sonreír, pero cuando vi que no me llevaba para una mesa, sino para la salida, me detuve en seco.
—¿Qué vas a hacer?
Él me miró totalmente sorprendido y se echó a reír cuando se dio cuenta que literalmente, yo no le dejaba dar un paso más, como niña.
—Olivia, muévete.
—No —le dije, con tiento—. En menos de diez minutos debo regresar al trabajo.
Él rió un poco más.
—Lo sé, ¿qué crees que haré?
Él se veía totalmente extrañado y verdaderamente yo… Ahora que l