Punto de vista de Julio
Mientras las enfermeras llevaban a Mateo de vuelta al edificio, yo las seguía, luchando por seguirles el ritmo.
No caminaban rápido, pero aun así, me costaba alcanzarlas.
Simplemente porque tenía las piernas pesadas y estaba agotada por la preocupación.
Por fin llegamos a la sala de reconocimiento.
"Oye, ¿estás bien?", preguntó Mateo, devolviéndome a la realidad. Pasó junto a la enfermera, se dirigió hacia mí y me tomó de las manos.
"Estoy bien", logré decir, exhalando c