Punto de vista de Julio
Cada vez que intentaba retorcerme de mi restricción, la silla se clavaba en mis muñecas y tobillos como si le hubieran crecido los dientes.
Había perdido la noción de cuánto tiempo había estado sentado allí, pero una cosa que sabía era que había pasado el tiempo suficiente para que el frío se intera en mis huesos y el suficiente tiempo para que el silencio comenzara a gritar.
Las cuerdas ya ni siquiera estaban tan apretadas; mi piel se había entumecido. Fue esa extraña s