Punto de vista de Julio
Con el corazón acelerado, jadeé con el teléfono como si fuera lo único que me ataba a la vida.
"Mateo", sollozé, mi voz se rompió en el momento en que lo escuché respirar en el otro extremo.
"¿Julio?" Su voz se volvió aguda y urgente, enhebrada de incredulidad, luego alivio tan intenso que le dolía escucharlo.
"Julio, Dios mío. Te he estado buscando por todas partes. He estado perdiendo la cabeza... ¿dónde diablos estás?" Exigió.
Avergonzado de decirle que fui a la cafetería solo, permanecí mudo, con lágrimas llenando mis ojos.
"Oye, Julio, ¿estás ahí?" Su voz salió frenética.
"Estoy aquí", grité, agarrando el teléfono con tanta fuerza que me dolían los dedos.
"Luis... Luis me secuestró. No sé dónde estoy. Lo juro, no lo sé. Me desperté y..." Mi garganta se cerró, el pánico se abrió paso de nuevo.
"Por favor, tienes que ayudarme". Susurré, apoyándome en la mesa como si fuera su hombro.
"Ya voy", dijo inmediatamente, sin siquiera dudar. "Quédate conmigo. Mira a