Punto de vista de Julio
En cuanto abrí la puerta y vi a Mateo allí, silencioso e indescifrable como siempre, mi primer instinto fue cerrarle la puerta en las narices.
Iba a cerrarle la puerta en las narices para que supiera que no era bienvenido.
"¿Qué haces aquí?", pregunté, fijando la mirada en él, pero no respondió.
"Sabes que puedes usar tus palabras o señas en lugar de mirarme fijamente". Resoplé. Ya me estaba enfadando.
Primero, apareció sin avisar y ahora le pregunto cuál era su misión,