Aiden y Hendricks regresaron al penthouse, traen una calentura acumulada de todo el día, así que se van directo a la ducha entre besos y caricias. Luego terminaron en la cama la segunda ronda para volver a bañarse.
Aún aturdido, Aiden se incorporó lentamente de la cama. Empezaba a acostumbrarse al tamaño sexuäl de su amante, pero aún así era difícil recibirlo estando lúcido.
La pasión es palpable, tanto en sus ojos como en los de Hendricks, pero ninguno se apartaba del otro. Hendricks estaba a