Aiden, sorprendido por la severidad de su tono, siente miedo.
—Entiendo que hay muchas cosas inexplicables y difíciles de entender, pero por favor escúchame.
—¿Es esto lo que viniste a hacer aquí? —lo interrumpe, señalando a su alrededor con una mueca de desagrado—. ¿Viniste hasta Portofino para enredar a mi hijo en… en esto? ¿Para llevarlo por un camino que claramente no es lo mejor para él?
Aiden parpadea, incrédulo ante las palabras de Federico, pero toma aire y trata de responder con tranqu