Brisa de verano.
La luz tenue de las lámparas y el suave tintineo de los vasos de vino vacíos llenaban el aire de la habitación de Hendricks.
Aiden se apoyaba de la enorme cama, su largo cabello rubio platinado caía en suaves cascadas sobre su espalda, mientras su mirada seguía la figura de Hendricks, quien andaba descalzo, con los ojos ligeramente nublados después de la celebración.
—Ven aquí, no tienes por qué temer
Aiden alzó la mano y, casi con timidez, tocó el rostro de Hendricks, sus dedos rozando su meji