Capítulo 66: Azul.
Sin embargo, frunció el ceño, al ver que ella no correspondía a su abrazo, pensó que se debía a que estaba brava por todo lo que había ocurrido entre ellas, y se separó un poco sin dejar de mirarla y levantando una mano para acariciar con suavidad su rostro.
—¡Perdóname amiga! Sé que me comporté como una perra, que te traté de la peor manera sin merecértelo. Quiero que entiendas que me sentí traicionada, herida, burlada y hasta desplazada cuando me enteré de que te habías acostado con mi papá.