—¿Explicarme? ¿Qué necesitas explicarme? ¿Qué me has tenido engañada dieciocho años? ¿Qué no estabas muerta, sino que es parte de un engaño? ¿Por qué lo hiciste? ¿Cuál era tu fin? ¿Irte con tu amante?
La rabia se agitó dentro de la chica, cuya respiración se hizo entrecortada, quiso cortarle, pero una parte de ella quería escucharla, oírla, justificarse.
Ludovica, como si presintiera el caudal de sensaciones que estaba viviendo en ese momento su hija, vio la oportunidad de convencerla.
Hija,