Capítulo 113: El beso de fuego.
Con un movimiento rápido e irritado, se arrancó la máscara de la cara, revelando un ceño fruncido grabado en sus rasgos robustos. Tanya, imperturbable ante su aparente enfado, se limitó a esbozar una sonrisa socarrona y satisfecha que sólo pareció avivar su irritación.
—¿Te estás burlando de mí? —, le preguntó en voz baja y con un tono acusador.
En respuesta, Tanya levantó los brazos, le agarró suavemente la barbilla con los dedos y, sin mediar palabra, apretó los labios contra los suyos, en un