El arma en el cajón del buró cambió la temperatura del dormitorio de una manera que ninguno de los dos nombró pero que ambos sintieron. Valeria observó cómo Mateo cerraba el cajón con un movimiento que pretendía ser casual y que no lo era en absoluto, porque los hombres que cargan armas por costumbre no hacen ese gesto con naturalidad frente a personas que les importan.
– ¿Desde cuándo? – preguntó ella.
Mateo se sentó en el borde opuesto de la cama.
– Desde que Rodrigo desapareció. –
Una respues