—Está bien, Damián... —cedió Maximiliano con la voz temblorosa—. Está bien Delfina se casará con el árabe mañana. No habrá problemas.
Delfina se dio un paso hacia atrás, mirando a su padre como si fuera un completo desconocido. El asco y la decepción la invadieron.
—Te odio, papá... —susurró Delfina, con la voz rota por el desprecio—. Es una puta mierda todo esto. Su maldito dinero y su mafia dan asco.
Sin esperar respuesta, Delfina tomó su bolso, dio un portazo violento y salió de la mansión d