En el ala principal de la mansión Turner, la atmósfera era un santuario de puro romance oscuro y erotismo elegante. Alaric Turner cargó a Anastasia en sus brazos fuertes para cruzar el umbral de la alcoba nupcial, tal como dictaba la tradición. Ella soltó una risa suave y enamorada, rodeándole el cuello con los brazos.
Cuando sus pies tocaron el suelo, Anastasia se quedó sin aliento. La habitación estaba iluminada solo por docenas de velas aromáticas que proyectaban sombras cálidas y sensuales