En la estancia privada del segundo piso, las cuatro mujeres de la dinastía se reunieron a puerta cerrada. El eco del entrenamiento aún vibraba en sus cuerpos, pero la urgencia en la voz de Anastasia las obligó a sentarse en círculo. Mónica entró con las mejillas ligeramente encendidas, tratando de disimular la agitación de sus propios pensamientos, mientras Coni se sentaba con cuidado, aún con los labios pulsando por el beso salvaje de Luka.
Anastasia miró a Daysi, quien asintió con una sonrisa