Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en la húmeda y calurosa ciudad de Miami, el ambiente en la residencia de Zyad era de pura muerte y desolación.
En el sótano subterráneo, donde la luz del sol jamás tocaba las paredes de concreto, Amira se encontraba encadenada de pies y manos a una viga de acero. Tenía el rostro sucio, la ropa rota y marcas de forcejeo en las muñecas. Zyad, destrozado por el dolor y la furia de ver a su madre debatiéndose entre la vida y la muerte en el hospit