Nohemi despertó una vez más, sedienta, con dolor de cabeza, desorientada y bastante cabreada.
Ya no era cuestión de saber que estaba en peligro, la furia la invadía debido a la forma tan ruda en que fue tratada. Atrás quedó el miedo, tal vez era porque no tenía fuerzas; no obstante, cierta determinación se apoderó de la pelirroja cuando decidió que no iba a ceder ante las demandas del cretino de Novikov.
Se sintió sofocada, el calor húmedo la envolvía dificultando su respiración; con mucho esfu