Zeke estaba sentado tras su escritorio mirando inexpresivo el monitor de la computadora, en el que una vez más se repetía las grabaciones de las cámaras de vigilancia de la clínica.
Tres días habían pasado desde la desaparición de Nohemi Lund y ellos no tenían ni una sola pista todavía.
En efecto, una enfermera se llevó a la pelirroja hasta el cuarto de tomografías y entró en este; quince minutos después la movían de nuevo a la camilla y salían de la sala, entrando a un punto ciego de la red d