Nohemi abrió los ojos muy despacio, su cuerpo se sentía pesado y parecía que su cerebro estaba entumecido.
Debajo de ella sintió la roca dura y tibia, a medida que sus ojos se iban acostumbrando a la tenue luz que la rodeaba.
No sabía dónde estaba, tenía sed, hambre, los oídos le zumbaban y deseaba llorar.
―¿Dónde estoy? ―preguntó en voz baja, el sonido rebotó en la roca, el eco reverberó de una forma tenebrosa.
Arriba de ella había un techo alto de roca, movió la cabeza a la derecha y luego