—Alana, ¡¿qué diablos crees que estás haciendo?!
—Padre, ¿qué haces acá? Tú deberías estar de vacaciones, desestresándote en alguna isla paradisiaca. —respondía de manera nerviosa; se sentía atrapada, pero debía guardar la compostura; después de todo era su padre, el hombre que a medida que impartía miedo impartía en toda Italia, con su sola presencia.
—Por supuesto. Sin embargo, tuve que venir, porque me dijeron que mi hija, mi heredera, la princesa de la mafia, está cometiendo una sarta de