¿Quién dijo despedirse? Habían pasado dos días y la incertidumbre de qué había pasado con la pequeña Kitty la tenía en ascuas, sumado a que no había podido dejar de pensar en esos ojos azules; lo había soñado, haciendo que despertara con una sensación en el pecho de angustia, de necesidad de verlo; sin embargo, no tenía explicación para cómo se sentía, Sabía que era absurdo y algo irracional, pero así era y no podía hacer nada en contra de cómo se sentía.
—Hola amor ¿Cómo estás? Disculpa que recién te contacte—Ni siquiera había visto el nombre de contacto cuando la llamaron, solo atino a responder y como siempre, saber de su dichosa prometida, tenía menos emoción que un buen café por las mañanas.
—Tranquila, no te preocupes, yo estoy bien ¿Cómo van los negocios?
—Cariño, sabes qué.
—Tienes razón, cuanto menos sepa mucho mejor.
—¿Qué estuviste haciendo en tu aventura?
—Caminar, respirar aire puro, tiempo para mí misma, lo necesitaba. —Obviando claramente, hablarle sobre aquel episodio c