—No quiero que pienses que estoy coqueteando contigo o algo parecido, tengo novia. —Debió decir prometida, pero ella tampoco lo podría creer.
—¿Novia? Entiendo —dijo él, sintiéndose extraño, con esa opresión en el pecho, a punto de dejarlo sin respirar; tuvo que sentarse, no tenía cómo explicarlo ni siquiera a sí mismo, ella es una completa extraña, ¿por qué se sentiría así con esas palabras?
—Por eso te digo, celebremos con un café y aquí cerca; además, no la dejes en esa jaula. Me enamoré de