—No quiero que pienses que estoy coqueteando contigo o algo parecido, tengo novia. —Debió decir prometida, pero ella tampoco lo podría creer.
—¿Novia? Entiendo —dijo él, sintiéndose extraño, con esa opresión en el pecho, a punto de dejarlo sin respirar; tuvo que sentarse, no tenía cómo explicarlo ni siquiera a sí mismo, ella es una completa extraña, ¿por qué se sentiría así con esas palabras?
—Por eso te digo, celebremos con un café y aquí cerca; además, no la dejes en esa jaula. Me enamoré de esa preciosura y quiero cargarla un poco más y parece que ella también me quiere a mí.
Algo extraño y casi imposible; después de todo, Arnulfa se había vuelto una gata huraña desde que Eve se había ido. En cambio, ahora estaba en brazos de una desconocida, ronroneando, dejándose acariciar, entrecerrando los ojos con casi una sonrisa en su carita.
Una vez en un café cercano, puesto que no quería dejar mucho tiempo sola a Kitty por más que esta esté sedada.
—Quiero una rebanada grande de pastel de