—Eres preciosa, cada parte de tu cuerpo, es perfecto, nada ni nadie debe negarlo—Mientras le quitaba los zapatos, acariciando sus piernas, eran muslos grandes, gruesos, pero suaves, tan sedosos, no dejaba de dar besos, la luz de luna, sumando a las velas encendidas, le daba tono tan romántico, tan apasionado al ambiente, todo estaba calculado, aunque ella esto lo desconociera, Tal vez él no estaba convencido totalmente, si darían ese paso, no porque no lo quisiera, si no por lucha interna que