Cuando el rubio despertó, no encontró a nadie a su lado, por un momento pensó que había sido un sueño, pero sobre la almohada, quedaba el dulce aroma de Evelyn, por un instante, como si aún siguiera entre sueños, aspiró su aroma, pero luego se arrepintió. Lanzó la almohada al suelo.
—¡Maldita sea Sebastián, ¡¿qué te pasa?!— Se dio algunas bofetadas como para terminar de despertar.
Mientras, por otro lado, Ella se encontraba, vestida con un traje deportivo, que le tapaba hasta la cabeza, unas li