—Te puedo esperar.
—No, cómo crees—Se negaba ella moviendo las manos de manera frenética, el viaje había sido una tortura, casi no pudo hablar luego de aquel pequeño intercambio de palabras sobre autos.
—Para mí no es molestia, al contrario, además se puede hacer tarde para que regreses—De pronto, el traicionero estómago de Evelyn empezó a hacer ruidos, como reclamando la hora de la cena. —Tu apetito hablo por ti, no hay tiempo de dudas, paso por ti en dos horas
Le lanzó un guiño y se alejó, en