Cuando Sebastián entró por esa puerta, se quedó al extrañado. No sabía si era un restaurante o de esos lugares donde te leen las cartas, las cortinas con tiras de madera, la luz roja que alumbraba cada espacio.
—¿Qué es este sitio?
—Lo siento, no es muy elegante, mejor nos vamos, si eso es mejor.
—No, solo que nunca había venido — Tomándola de la muñeca, cuando ella sintió su toque, se dio cuenta de que las piernas le temblaban, hasta su respiración era agitada y su pulso acelerado, por un mome