—¡Morax, ya basta! —le dice, su voz firme y autoritaria. —No sigas con esto.
Morax se vuelve hacia ella, su rostro desafiante.
—No te entrometas en esto, madre —le dice. —No es asunto tuyo.
Mi madre intenta acercarse a él, su mano extendida en un gesto de paz.
—Es tu hermano, Morax —le dice. —No puedes hacerle daño.
Morax se ríe, su sonido cruel y despiadado.
—Tiene lo que yo deseo —le dice. —Y yo lo voy a obtener, no importa lo que cueste.
Me acerco a mi madre, tomo su mano y la retiro de Mora