Me detengo en seco, mi mirada fija en la figura que se encuentra frente a mí. Es mi hermano, Morax, con una sonrisa cruel en su rostro. La batalla ha terminado, y el campo de batalla está cubierto de cadáveres. El olor a muerte y sangre es intenso, y el silencio es solo roto por el sonido de los pájaros que vuelan sobre nosotros. Morax se acerca a mí, su espada en la mano, y me propone un duelo. Me sorprende su oferta, considerando que la batalla ha terminado y que no hay nada que ganar. Pero m