Estoy acostada en mi cama, con Venco a mi lado, sosteniendo mi mano. La partera está sentada en una silla al lado de la cama, con una expresión de calma y profesionalidad.
—Ocaso, es hora de empujar —dice la partera—. Tu hijo está listo para nacer.
Me tomo un momento para respirar profundamente y prepararme para el esfuerzo que se avecina. Venco me aprieta la mano y me mira a los ojos.
—Puedes hacerlo, Ocaso —me dice—. Eres fuerte y capaz.
La partera me guía, diciéndome que empuje cuando sienta